Decisiones que transforman una vida
La historia de Perla: aprender a reconocer sus emociones, pedir ayuda y construir la vida que quiere, paso a paso.
Perla tiene 16 años y mientras hablamos mueve entre sus dedos un llavero que le dio Karla, su psicóloga. Es uno de los recursos que hoy usa para manejar la ansiedad. Ese gesto sencillo dice mucho: Perla ya sabe reconocer lo que siente y busca formas sanas de acompañarse.
Llegó a Casa Alianza México siendo muy joven, después de atravesar una situación familiar compleja. Al principio todo era confuso: tristeza, enojo, miedo. Extrañaba a su mamá y le costaba entender por qué alguien que amas también puede lastimar. Con el tiempo, empezó a sentirse más segura. Encontró un espacio distinto, personas que la escuchaban y la acompañaban.
Perla habla con honestidad de su salud mental. Cuenta que hubo momentos en los que no sabía cómo manejar lo que sentía y eso la llevó a lastimarse. Pero también reconoce algo importante: un día se dio cuenta de que no quería seguir por ese camino. Ver las marcas en sus brazos fue un punto de quiebre. Con apoyo psicológico dentro de Casa Alianza, empezó a entender que había mucho dolor acumulado y que necesitaba aprender a expresarlo de otra manera.
Hoy, Perla tiene herramientas. Cuando se siente mal, escribe, camina, respira, raya hojas o redacta cartas que nunca envía. Poco a poco ha construido autocontrol y autoconocimiento.
Sigue trabajando en su comunicación y tolerancia, pero ya no se habla como antes. Donde decía “no puedo”, ahora se permite intentar.
Certificó su secundaria en el INEA con el acompañamiento del área educativa de Casa Alianza, tomó cursos de uñas y habilidades para el empleo y descubrió que aprender también puede ser una forma de sanar. “Eso me ayudó a desestresarme y a creer más en mí”, dice.
Habla con ilusión de su futuro. Quiere entrar al programa de Vida Independiente, vivir por su cuenta algún día y hacerse responsable de sí misma. Sueña con ser policía de investigación para ayudar a que otras personas no repitan errores, y también con cantar rap y K-pop. Dos sueños distintos, pero igual de suyos.
Perla sabe que su historia se mide en decisiones diarias: pedir ayuda, practicar la calma, seguir estudiando, ser más empática. Para ella, el éxito está ahí.
Antes de despedirse, dice algo que resume su proceso: “Casa Alianza es mi familia.
Agradezco porque tengo compañeros con quien puedo relacionarme de buena manera, tengo alimentos, un lugar donde puedo estar, un lugar donde me brindan escucha y me ayudan los consejeros. Gracias por ayudarme a crecer como persona”.
Y mientras cerramos la conversación, queda claro que Perla no solo ha sobrevivido a una historia complicada: está aprendiendo a construir la vida que quiere, paso a paso.
Relato facilitado por Casa Alianza México. Las edades, cargos y referencias temporales corresponden al momento del testimonio.
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