Felipe elige la «opción C»
Después de años de abuso, Felipe encontró en Casa Alianza México el amor y el apoyo para elegir la vida y construir un futuro propio.
«Mira, como yo lo veo, solo tengo dos opciones: la opción A es matar a mis tíos y la opción B es matarme».
Esta es la frase que Felipe* repetía con frecuencia a su psicólogo en Casa Alianza México durante el año en que trabajaron juntos en terapia. No podía imaginar un futuro más allá de esas alternativas. El trauma y el dolor necesitan tiempo para sanar, pero, sobre todo, recuperarse de ellos requiere un valor y una determinación extraordinarios.
Originario de El Salvador, Felipe y su hermana mayor recibieron la condición de refugiados en México, bajo el cuidado de sus tíos paternos. Pero sus tíos se volvieron contra ellos y utilizaron a los hermanos para extorsionar a su padre, que vivía en Estados Unidos. Cuando eso dejó de ser posible, comenzó la pesadilla.
Los únicos adultos en quienes había confiado sometieron a Felipe y a su hermana a años de violencia, abuso y explotación laboral y sexual. Felipe vivía encerrado, encadenado, mal alimentado, obligado a trabajar y aislado del mundo exterior. Años después, los psicólogos de Casa Alianza México concluirían que no se había tratado solamente de abuso y explotación, inaceptables en sí mismos, sino de tortura.
En una de las ocasiones en que sus tíos lo mantuvieron encerrado durante varios días como castigo, Felipe dejó de asistir a la escuela por un periodo prolongado. La escuela lo notó y alertó a las autoridades. Así pudo escapar de la situación que vivía e ingresar al sistema de protección de la niñez en México. Durante un tiempo permaneció en instituciones gubernamentales y conoció a otros adultos que también le fallaron. El dolor persistía y predominaba la desolación. Hasta que fue referido a Casa Alianza México.
Un lugar seguro para comenzar
El personal recuerda a Felipe en sus primeros días como un joven delgado, pequeño para su edad y extremadamente callado, como si solo quisiera pasar inadvertido. Una vez cubiertas sus necesidades básicas de alimentación, protección e higiene, volvió a inscribirse en la escuela y comenzó a asistir a terapia individual.
Durante las primeras sesiones no quería hablar. Permanecía en silencio, respondía con monosílabos y evitaba establecer vínculos. Era comprensible: nunca antes había podido confiar en una persona adulta. Sin embargo, no faltaba a ninguna cita y siempre llegaba a tiempo. Más adelante confesó al equipo que durante esa etapa los había estado «poniendo a prueba». Quería saber si podía confiar de verdad en ellos o si lo decepcionarían, como había ocurrido antes.
Con el tiempo, el silencio se convirtió en lágrimas. Hubo largas sesiones de sanación en las que el dolor solo podía expresarse mediante el llanto. Durante ese periodo, Felipe estaba convencido de que ya no quería vivir. Le parecía que la opción B era la única salida. Incluso en sus mejores días decía que seguía sintiéndose «encadenado como cuando vivía con mis tíos», ya no físicamente, sino mental y emocionalmente.
El progreso rara vez es lineal y son comunes los retrocesos que desestabilizan a una persona joven. Para Felipe, esos momentos se relacionaban con fechas importantes: el día en que dejó su país, los cumpleaños de seres queridos o los aniversarios de experiencias traumáticas.
Con un compromiso constante, el equipo de Casa Alianza México permaneció a su lado: acompañó primero el silencio, después el dolor y, más adelante, la reflexión. En cada sesión, el psicólogo lo invitaba a pensar en una cosa que hiciera que la vida valiera la pena. Así, poco a poco y casi sin darse cuenta, el dolor empezó a ocupar menos espacio y su corazón comenzó a encontrar razones para sonreír.
Y su vida empezó a cambiar. En la residencia se le veía más relajado; en el trabajo destacaba por su desempeño y en terapia se mostraba mucho más abierto.
«Ahora tengo una opción C»
Hasta que un día Felipe le anunció a su psicólogo: «¡Adivina! Ahora tengo una opción C: ¡quiero vivir! Quiero vivir porque quiero experimentar cosas que nunca he podido. Quiero probar comidas diferentes, ir al cine por primera vez, conocer el mar, compartir anime con otras personas de mi edad, enamorarme…».
En ese momento, todavía con mucho miedo, Felipe pudo imaginar un futuro distinto. Empezó a dejar atrás la vida que otros le habían impuesto y a vivir la que realmente quería.
Hoy, a los 21 años, ha terminado el bachillerato y está muy cerca de ingresar a la universidad, donde espera estudiar contabilidad. Vive de manera independiente con su pareja y trabaja en el sector hotelero, en uno de los hoteles más importantes de Ciudad de México. Está en proceso de obtener la nacionalidad mexicana para poder regresar algún día a El Salvador: no a la vida que dejó atrás, sino para resignificar su país, sus raíces y su propia historia desde otro lugar. Quiere volver después de haber construido una vida propia.
Felipe llegó a creer que su historia solo podía terminar de dos maneras. Ahora sabe que existe una tercera opción: despertar cada día, descubrir algo nuevo y decidir por sí mismo qué quiere hacer con su vida. Casa Alianza México no podía cambiar lo que le había ocurrido, pero sí ofrecerle algo que necesitaba para construir su futuro: un lugar seguro desde el cual empezar a imaginar una vida diferente.
La esperanza se construye poco a poco
La historia de Felipe nos recuerda que la esperanza rara vez aparece de golpe. Se construye poco a poco. En su caso, fue posible gracias al amor incondicional, a relaciones de confianza y al apoyo sostenido del equipo de Casa Alianza México. En nuestros centros hay, ahora mismo, un joven sentado en silencio, esperando saber si permaneceremos a su lado. Cada vez que lo hacemos, abrimos un poco más de espacio para que encuentre su propia opción C.
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*Felipe no es el nombre real del joven. Se utiliza un seudónimo para proteger su identidad.
Este artículo fue escrito por Gerardo Escaroz, vicepresidente asociado para América Latina de Covenant House International. Traducción al español del texto original facilitado por Casa Alianza México.
Relato facilitado por Casa Alianza México. Las edades, cargos y referencias temporales corresponden al momento del testimonio.
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